Registramos clics, pausas, rebotes, subidas de volumen y hasta cambios de brillo para inferir interés o desconexión, pero filtramos ruido y sesgos. El objetivo no es espiar, sino identificar puertas de entrada a escenas, giros y recapitulaciones que sostengan curiosidad sin cansar.
Secuencias de eventos cuentan historias sobre estados de ánimo. Utilizamos modelos que aprenden transiciones de atención y tolerancia a la sorpresa, entregando probabilidades útiles para decidir cuándo acelerar, pausar o explicar mejor. No dictan creatividad; proponen opciones bien fundamentadas para la sala de guion.
Un giro puede adelantarse en móvil cuando detectamos prisa, mientras se cocina lentamente en TV para saborear tensión. La clave está en diseñar señales diegéticas y transiciones naturales que justifiquen ambas versiones sin confundir, manteniendo significado y recompensa emocional equivalentes.
A veces el sistema decide por debajo del agua para reducir fricción; otras, invitamos a elegir sin romper la inmersión, usando gestos mínimos o elecciones temporizadas. Medimos arrepentimiento y claridad para ajustar la oferta y evitar caminos que generen confusión innecesaria.